domingo, 18 de septiembre de 2011

Domingo

Se asomó a la ventana. Aspiró fuerte para oler el azahar del patio. Cuando se sintió embriagada, cerró la ventana y se acostó de nuevo. Había vivido demasiado el día de hoy.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Feliz no cumpleaños

Mañana es mi cumpleaños, vaya novedad, y hoy el de mi abuelo. Pero desde hace 3 años no es igual. Siempre celebramos nuestros cumpleaños a la vez, los dos juntos. Él soplando sus velas y yo las mías. Siempre creyó en mí, y no me dio tiempo de aprender todo lo que podría haber aprendido.Pero yo sé que está ahí, mirándome, y que aunque esté sola en casa, noto su presencia, que nunca se ha ido.

Ahora las tornas han cambiado.
Desde que no está, soy yo la que se adapta al cumpleaños de otro, y la que sopla en un día que no es el suyo. El sábado soplaré mis velas, rodeada de enanos, de una colchoneta hinchable gigante y de nuevo, con toda mi familia, los que están, los que no se ven (pero que nunca se han ido), y los que están por venir.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Un nuevo intento por volver

Empieza un nuevo curso y renazco de mis cenizas, como el ave fénix, o eso decían de él. Yo he dejado el blog un poco de lado y no sé por qué. No es que no tuviera nada para compartir ni se me ocurrieran ideas, relatos, o partes de mí. Simplemente, no me apetecía entrar aquí. Todo el verano pegada a la pantalla del ordenador y ni siquiera he pasado por aquí, lo que son las cosas, curioso desde luego.

Me espera un@ psicólog@, que me va a hacer un arreglillo. Me voy al taller, sí, a que me miren el motor, que no funciona muy bien, y ya es demasiado descarado su mal funcionamiento que los demás se han dado cuenta. Es mi madre la que me va a llevar al taller, yo ni siquiera he tenido valor. Un día me dijo que me hacía falta uno y que me iba a llevar. Yo no he ni protestado. Sólo he asentido.

A lo que le temo es al diagnóstico, a la etiqueta. A ver una etiqueta tan fea que yo misma me asuste. Le temo también a las tareas para casa, esa cosa fundamental y que mientras estudio para por fin licenciarme (ojalá apruebe, aunque creo que no, porque el mismo ruido del motor no me deja estudiar) veo que se pueden hacer de muy diferentes maneras. Haré terapia cognitiva de Beck, terapia racional emotiva-conductual de Ellis? ¿Seré capaz de distinguir lo que haré?

Me asaltan muchos miedos. Miedo a empezar de cero en un piso nuevo, con chicas que no conozco. Es un reto para mí y mi poca motivación.

Será lo poco que he escrito en verano que me estoy alargando más de lo acostumbrado. No es malo, tampoco bueno porque puedo aburrir a aquella persona que lo lee (si lo leen, claro, con lo poco que he estado por aquí, ni los habituales se acordarán de que este rinconcito existe).

Quiero renacer. Ahora voy a tener ayuda. No voy a estar sola. Ya sé que mi familia me apoya, más que nunca. Voy a ser tía y de nuevo madrina, otro enano varón a mi cargo y con el que sueño que noto cuando pongo mis manos en la barriga de su madre.

Y mis amigas también me apoyan ahora que se han enterado de los motivos por los que el motor no funciona. Lo tengo todo. Sólo queda ponerse manos a la obra.

Espero que todos podamos disfrutar de una nueva Morgana, esa que no escribe cosas tristes, esa que cuando pequeña elegían para representar al colegio con los cuentos que me inventaba. Nunca fueron buenos, pero parece que para los profesores sí. Esa yo que ha aprendido a hacer punto de cruz para hacer baberos para el enano, y que encima le ha cogido gusto a las agujas. Tengo ideas, tengo críticas, tengo reflexiones (sobre la iglesia católica, es lo que tiene que tu madre escuche todo el día charlas de sacerdotes en la radio, que te hace reflexionar sobre las barbaridades que dicen).

Y como dice Jordi Hurtado, presentador de Saber y Ganar, (pero vamos a sustituir el nombre del programa por el de este humilde blog), “Bienvenidos a una nueva edición de Cuadrado Vicioso”

lunes, 23 de mayo de 2011

Uno más

El otro día me dieron una de las mejores noticias que puedo recibir por parte de mi hermano. Por una parte me lo esperaba, pero por otra, me dejó totalmente sorprendida. Nunca pensé que podría llegar este momento, pero acaba de suceder.

Fui informada el sábado de que me voy a convertir en tía, y claro, mis padres en abuelos. Estamos todos tan ilusionados, que no podía sino compartirlo.

domingo, 15 de mayo de 2011

Resiliente por naturaleza

Es una experta en sobrevivir, en resistir. La miras y tiene un físico debilucho. No llega a 1'30 de estatura, 47 años y toda la vida luchando para salir hacia delante, pero tiene un coraje a sobrevivir y a tirar p'alante que pocas personas conozco así. Se ríe de todo y sobre todo, de sus propios problemas. Dos divorcios, uno de ellos de un maltratador, y el otro un alcohólico. Una hija maltratada y amenazada con 2 hijos y de los que se tiene que hacer cargo y otra obligada a madurar cuidando de un abuelo impedido de más de 90 años.

Y a pesar de todo, se sigue riendo de las dificultades. Es resiliente por naturaleza. Da envidia (sana) de esa capacidad de resistir, y estando con ella y haciéndote reir, me doy cuenta de que mis problemas no son realmente importantes, que no me impiden sobrevivir en esta jaula de grillos que tenemos por mundo. Que en realidad soy una debilucha, que aunque a lo largo de mi vida he tenido que resistir mucho, nada es comparable con su situación y con los problemas reales.

domingo, 1 de mayo de 2011

Pequeña historia

Érase una vez una jovencita que se desplazaba a todos lados con su bicicleta. Al principio con miedo porque hacía poco que utilizaba ese medio de transporte. Poco a poco, le fue perdiendo el miedo siempre que iba por el carril bici.

Respetaba absolutamente todas las señales de tráfico mientras el resto de ciclistas cogía y aunque el semáforo estaba rojo, pasaban. Ella de todas formas, esperaba paciente a que el simbolito de la bici cambiara a verde.

Hasta que se dio cuenta de que así, perdía mucho tiempo cuando iba al colegio y empezó a saltarse los semáforos (cuando no venía ningún coche quehiciera peligrar su vida), y a circular por la calzada en vez de por la acera cuando no había carril bici.

Un día, en lo que ella creía una carrera con una amiga, lo volvió a hacer: se saltó un semáforo en rojo porque no venía ningún coche... hasta que frenó a medio metro de ella. Su amiga no paraba de reír.